jueves, marzo 30, 2006

Hasta el extremo de secuestrar la verdad.


Si se repite una mentira una y otra pez,
la gente
terminará por creérsela.

Joseph Goebbels

Una gran parte de los que trabajan

en los medios de información europeos

se consideran a sí mismos,

no sólo periodistas,

sino también cruzados ideológicos.

No están en el mundo del periodismo

sólo por el periodismo.

Quieren hacer un bien a la humanidad.

Tienen planes.

Alon Ben-David

En Defensa de Israel. Año: 2004. Editorial: Libros Certeza. ISBN 84-96219-20-8. certeza@certeza.com

La Judeofobia en los medios de comunicación europeos.
Daniel Laks Adler.

Siempre me han llamado poderosamente la atención los mecanismos por los que las versiones oficiales, los medios de información en teoría independientes o los intelectuales analistas que supuestamente se pronuncian a título individual, pero que en realidad actúan como un bloque de «perdón sólido y sin fisuras, son capaces de dar un giro de 180 grados al relato de la realidad. Hasta el punto de despojar a los hechos mismos de su protagonismo para convertirlos en elementos accesorios, secundarios o, en ocasiones, ajenos al relato. Hasta el extremo de secuestrar la verdad.

En general, estos mecanismos son mucho más sencillos y transparentes de lo que uno se imagina. Si bien no existen reglas que valgan para todos y cada uno de los casos, se pueden identificar algunos elementos que casi siempre concurren y contribuyen a la difusión incuestionada de este tipo de falseamientos. Uno de ellos es que el relato tergiversado o adulterado debe apoyarse en una serie de prejuicios o mitos suficientemente arraigados en el imaginario colectivo o, en su defecto, en una falta absoluta de información previa. Si en su día el nazismo obtuvo un apoyo mayoritario para la puesta en práctica de su Solución Final, no fue porque convenciera al pueblo que lo había elegido de la maldad intrínseca de los judíos y, por consiguiente, de la necesidad de eliminarlos Mucho antes de que Hitler formara el embrión de su partido en la colectiva superstición alemana los judíos eran un cáncer que estaba haciendo metástasis en el cuerpo de la nación y llevando al país — ora por obra de una conspiración comunista, ora por culpa de su rapacidad capitalista— a la ruina. (El verdadero papel de los 500.000 judíos alemanes, su condición mayoritariamente de extracción media, su plena integración en el conjunto de la sociedad y sus extraordinarias aporta­ciones al arte, la cultura y la ciencia alemanes, no contaban para nada.) Así pues, el nazismo no hizo más que cosechar y explotar un terreno que encontró fértil a su llegada.

Un segundo elemento siempre presente es el que podríamos denominar de «objetivización inducida de la información»: la idea errónea de que si todos o casi todos los medios de difusión coinciden en el tratamiento de un mismo hecho noti­cioso, lo más probable es que sea verdad. Cuando, casi en su conjunto, la prensa puso en marcha una verdadera campaña de calumnias contra Israel a raíz de los hechos de Yenín, Kofi Annan, secretario general de la ONU, hizo un llamamiento para que Israel detuviera las operaciones militares. «Todo el mundo no puede estar equivocado», afirmó. En el caso de regímenes totalitarios, esta objetivización inducida queda garantizada por el monopolio de los medios. Pero, ¿qué ocurre cuando este fenómeno se produce a escala planetaria, con la participación de la gran mayoría de medios de información de las sociedades democráticas?

Poco después de que, en abril de 1999, la prensa internaciona1 lanzara su campaña de apoyo moral a los asépticos bombardeos de la OTAN sobre la ex Yugoslavia, el escritor austriaco Peter Handke llamaba la atención —voz casi solitaria en medio de una ofensiva ideológicamente homogénea de noticias, editoriales y análisis— sobre el hecho curioso de que por primera vez en el siglo XX, no se produjesen fisuras en el tratamiento de la información, ni entre rotativos y cadenas de televisión de distintas corrientes de un mismo país.

Ni entre los distintos medios más prestigiosos del planeta. Los principales creadores de opinión coincidieron en llamar «intervención humanitaria» en favor del pueblo kosovar, que supuestamente estaba siendo víctima de «limpieza étnica» y «exterminio» por parte del aparato militar serbio, a lo que no fue más que el golpe de gracia a una Yugoslavia ya destrozada por sucesivas escisiones incitadas y financiadas, «principalmente, por una Alemania en plena expansión económica y geoestratégica.

Perpetrada la destrucción — es decir, asesinados asépticamente centenares de civiles, reducido a escombros el aparato productivo del país y anulados los esfuerzos militares serbios por evitar una nueva fragmentación territorial de su Estado—, la única limpieza étnica verificable sobre el terreno fue la que perpetró la propia OTAN: del 20 por ciento de serbios que vivían en Kosovo antes de los bombardeos, miles tuvieron que huir o fueron expulsados, cuando no asesinados, por sus vecinos musulmanes y por el ELK, esa banda de independentistas traficantes de heroína y tratantes de blancas ligada a la Conferencia Islámica a la que supuestamente se había querido defender de la prepotencia de los serbios. Sin embargo, realidades como ésta quedaron convenientemente relegadas a notas diminutas en secciones marginales de algún periódico más o menos independiente. En general, aún hoy, cuatro años después de los bombardeos, el mundo sigue sin saber por qué se coaligaron tantos países contra la ex Yugoslavia y cuál fue el telón de fondo de semejante fiebre destructora. Y no serán, precisamente, los medios de información lo que nos aclaren este punto final con broche de oro al siglo de los totalitarismos.

( pags. 123 - 126 ... )

Daniel Laks Adler es escritor, periodista y editor gráfico.


He subido un nuevo documental en mi web, "El Holocausto de Hitler. Episodio primero: Invasión", donde se analiza cómo se desarrolló esa propaganda anti-judía utilizando los medios de comunicación de la época. Si se fijan, coincide bastante con los métodos y consignas de Ahmedinejad; aunque en este caso, no es solo contra los judios, sino contra todos nosotros. En ella, he aprovechado para revelar las vinculaciones históricas entre el nazismo y el islamismo.

Espero que se animen, entren y disfruten del documental.


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