martes, diciembre 06, 2005

Gallizo -directora de prisiones-, esa yuppie

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... "roja de salón", "yuppie progresista"... Tampoco en la valoración de su capacidad: "no se entera", "no vale para el sitio donde está"... Lo asombroso es que quien lo dice es el secretario general del Sindicato Unificado de Policía (SUP) y de quien habla es de Mercedes Gallizo, directora general de Instituciones Penitenciarias, quien sostiene ideas tan peregrinas como que la cárcel no debe ser el destino "inevitable" de todos los delinquen.

"Mercedes Gallizo afirmó ese tipo de genialidades durante su discurso oficial, con motivo de la festividad de La Merced, patrona de la Policía. Entre otras cosas, la directora general de Instituciones Penitenciarias subrayó que ha llegado el momento de que la sociedad moderna supere "la idea de que todos los que infringen las normas penales deben ir a la cárcel". /...

Periodista Digital, 5 de diciembre de 2005

En todo el entorno de la derecha española, desde la más moderada hasta la más radical, coincide en endurecer las penas. Por contra, la izquierda aboga por aumentar el personal policial, alegando que las necesidades actuales exige más efectivos (sic). Yo particularmente, también abogo por la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y recrudecer el Código Penal.

Los últimos años de varios gobiernos socialistas y liberales han estado garantizando y amparando los derechos del delincuente hasta que en el 2003, el PP reformó la Ley endureciendo las penas. Logro inútil porque la vuelta del PSOE conllevó la vuelta a la pera dulce.
Sin embargo, la sociedad lo que pide es que les garanticen sus derechos a las víctimas, ¡esas grandes olvidadas!.

Hoy lei ese artículo, que estoy segura que si no se divulga por internet no se enteraría nadie, ya que poco podemos esperar que trascienda a los grandes medios de masa. A quién le extraña el éxito de la información online. No solo es gratuita, también informa mejor.

Y más abajo en dicho artículo, Fornet incide en lo que la sociedad española viene suspirando desde que la reforma de la Ley ha omitido insistentemente durante casi tres décadas: ¡A La Ciudadanía!.
Así, este señor afirma que "el Sindicato se queja de que, por ejemplo, en un delito de violación, el agresor puede ser condenado a siete u ocho años de prisión, durante los cuales puede estudiar y reinsertarse y que las autoridades no se preocupan si la víctima se recupera en varios años o nunca." (sic)


La justicia a base de lograr la equiparación europea en derechos ha perdido el norte, la orientación de cuál debe ser su objetivo prioritario y fin último de su existencia: ¡Defender a la sociedad y proteger el derecho de los ciudadanos para que esto no se convierta en el salvaje oeste y sea el Derecho el que impere!

Hasta ahora se sigue incidiendo en la importancia del derecho, la reinserción y la reeducación del delincuente. Su defensa, sus leyes que le protegen frente a la brutalidad policial o presuntos abusos. Tanto se ha machacado este tema, que se ha dejado de lado el ciudadano cuya arma más valiosa debiera ser su derecho, su defensa y su integridad ante los tribunales, ante la policía y sobre todo ante el delincuente. Las consecuencias que sufre por ser el objetivo del delito, lo que conocemos como daños y perjuicios y el amparo para su recuperación.
La situación de los tribunales no puede ser más estrambótica: Mientras se piensa aumentar el número de policías para defender al ciudadano, el juzgado se encarga de defender al delincuente.
Resulta que las leyes de reinserción no han dado resultado alguno porque la delincuencia aumenta y se hace más peligrosa. Eso es lo que vemos a diario las personas y no los bonitos discursos que proviene de gente que lleva escolta, cuyas casas son auténticos fortines y en cuyos barrios residenciales no entra una mosca sin que se entere su servicio de vigilancia, y que por añadido, sus miembros van armados hasta los dientes y disponen de seguimiento por satélite.

El caso más llamativo que me viene a la memoria es el de EE.UU., cuyas penas se cumplen íntegras porque se ha endurecido la Ley y los tribunales comienzan a amparar al ciudadano frente al delincuente. Eso conlleva que la población reclusa disminuye, pero la que hay, "no sale a la calle". Los reos no son echados para aliviar la saturación de prisiones sino que aumentan el número de construcción de cárceles. Eso si, no por aumentar la delincuencia como ocurre en España; que en eso, sí se está equiparando a Europa.


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